En un momento de Orwell: 2+2=5, la voz en off que lee uno de los diarios personales que escribió George Orwell nos cuenta cómo el escritor, tras trabajar años en la BBC, decide dejarlo. No porque la televisión inglesa le coartase la libertad de expresión: al contrario, siempre pensó que la cadena mostró respeto hacia su trabajo periodístico. La razón por la que lo deja es utilitaria: Orwell considera que tiene que volver a la literatura; pues se da cuenta de que es el medio más efectivo a la hora de transmitir ideas que puedan realmente cambiar el mundo. Es entonces cuando escribe la que será su más conocida y también última novela, 1984.
Algo parecido sucede con el documental del haitiano Raoul Peck (I am not your Negro) que se empapa de imágenes prestadas de ficciones para ilustrar los conceptos que contenía la obra de Orwell: desde las múltiples adaptaciones de 1984 y Rebelión en la granja hasta diversas películas de Ken Loach, pasando por fragmentos de Minority Report o incluso Memorias de África. Los fragmentos de las películas respaldan o ejemplifican las múltiples ideas que nos lanza el documental; así, Tierra y Libertad nos traslada a la época que el mismo Orwell pasó en España en plena Guerra Civil, mientras que Minority Report, que nos sitúa en un mundo en el que se juzga a los asesinos antes de que lo sean, sirve como paralelismo con una IA que sabe más de nosotros que nosotros mismos.
Conocemos la vida de Orwell a través de sus diarios —en una voz en off elegante e hipnótica—, y ello funciona como hilo conductor de la película. Su experiencia tras nacer en la India colonial y ejercer de policía para los británicos lo marca para siempre: tras formar parte de los opresores, se da cuenta del horror que viven los oprimidos. El auge del fascismo en Europa en los años 30 —con imágenes de mítines multitudinarios que hielan la sangre— y su experiencia en la guerra civil española lo llevan, años después, a escribir 1984, una distopía de hipervigilancia en la que el Gran Hermano ha conseguido mudar el significado de las palabras: La guerra es la paz, La libertad es esclavitud y La ignorancia es la fortaleza.

Si el documental tiene su razón de ser hoy en día es porque la distopía que escribió Orwell —o eso nos intenta decir Peck— no dista mucho de nuestro mundo actual. Hoy, la invasión de Ucrania es llamada Operación Militar Especial; Los Refugiados o inmigrantes son llamados Aliens y deshumanizados y, cuando Trump habla de fraude tras perder las elecciones, miles de fanáticos asaltan el Capitolio. Todo es una cuestión de lenguaje y narrativa, y los hiper personalismos (sorprende el recordatorio de la cantidad de años —incluso décadas— que personajes como Putin u Orbán llevan en el poder) consiguen modificar la percepción de cómo leemos el mundo. Cuentan con la ayuda de un aparato tecnológico y de control que es ya una pata vital del poder y que, como cuenta Edward Snowden en sus fragmentos cogidos del magnífico Citzenfour que este documental replica, lo más terrorífico es que lo aceptamos sin pedir explicaciones. El Gran Hermano te observa, pero lo aceptamos porque vela por nuestra seguridad. Control=Seguridad. 2+2=5. Y parte de ese aparato tecnológico nos bombardea con atención para mierdificar internet y, en última instancia, despolitizarnos.
Un collage de ideas, imágenes y recursos —algunos más brillantes que otros— que conforman una postal de nuestro mundo actual que estremece, pero donde también y por suerte, hay espacio para la esperanza. Las imágenes de las protestas contra la violencia policial en EEUU, de las enormes colas en Rusia para despedir al activista Aleksei Navalny o de las mujeres quemando sus velos en Irán en honor a Masha Amini encienden una chispa de optimismo. Como algunos trabajos de Laura Poitras o Adam Curtis, el documental deja un poso profundamente inquietante, pero la fuerza y la claridad narrativa que aporta el paralelismo con la obra narrativa de Orwell arroja luz sobre la oscuridad de nuestro tiempo. Quizá también tenía razón el escritor cuándo pensó que no bastaba con escribir o leer reportajes; la literatura —o películas cómo esta— pueden llegar a ser mucho más clarividentes a la hora de cuestionarnos el mundo en el que vivimos.



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