El cajón vital de cada uno está lleno de historias; muchas las hemos olvidado, y otras las hemos deliberadamente enterrado, por el bien de un relato amable en nuestra forma de presentarnos al mundo. Igual que en una entrevista de trabajo, pero en la vida: de la misma forma que no pones en un currículum tus vergüenzas, pasan los meses y los años y hay verdades sobre ti que tus amigos, o tu pareja, nunca llegan a conocer. Lo aprendimos en el instituto: nadie quiere ser el rarito de clase, a pesar de que, si rascásemos un poquito, seguramente descubriríamos que todos tenemos algún motivo que nos podría convertir en los siguientes marginados.
Con el plano detalle de una oreja incapaz de oír (la de Zendaya, concretamente) abre The Drama, la nueva película de los estudios A24 dirigida por Kristoffer Borgli (Dream Scenario) que, en un alarde de osadía (y buen ojo), introduce un elemento inesperado que hace estallar los tópicos de la comedia romántica para convertirla en otra cosa, más moderna y actual. La sordera parcial del personaje de Zendaya es ya la metáfora de esa realidad incompleta en la que habita esta pareja, pero más interesante es que el tratamiento sonoro, que cambia radicalmente cuando se pone del lado de Robert Pattinson, nos deja entrever que este meet cute es el de dos personajes que parten de dos burbujas diferentes pero que, a pesar de ello, encontrarán el amor.
Que el amor se puede dar en esa realidad dispar es la idea central que la película decide llevar al extremo, con una confesión inesperada tras unas copas de más que inicia una relectura del otro. De haber sucedido en las primeras citas, esto habría derivado en un de apellido next de libro, pero el contrarreloj de la boda obliga a replantear el que debería ser el día más feliz de sus vidas, a rehacer los discursos en los que el otro salía bien parado y a asumir la gran pregunta: ¿es posible seguir amando después de descubrir algo así?

El guion viaja al pasado para entender mejor esa confesión, pero sin excederse al profundizar en los motivos que llevaron a ello. Alguno argumentará que tratar un tema así con esa livianidad -incluso con momentos de humor- es frívolo, pero de no hacerlo, esa sería otra película. En ese mostrarlo quitándole peso dramático, en conseguir hacernos reír ante la burrada que estamos viendo, logramos acercarnos a una realidad que, según nos dice Borgli, puede que en realidad no sea tan profunda, ni tan inexplicable, ni tan loca. El guion, además, acierta al ramificar en los demás personajes, consiguiendo con un ritmo constante que el peso de la contradicción no solo recaiga en quién tiene el secreto más gordo, sino, al final, en todos los personajes.
The Drama nunca hubiese superado un pitch hace cuarenta años y, mucho menos, conseguir convertirse en un hit en la taquilla mundial. Pero que lo haya hecho es precisamente una señal de nuestros tiempos: y es que con la intención de desmontar esa comedia romántica, Borgli y los A24’s puede que hayan dado con la comedia más romántica posible, entendiendo lo romántico como algo que ha dejado a años luz los cuentos de príncipes, princesas y las excesivas idealizaciones del otro. En un momento de la película, Zendaya pide parar el baile que ella y Pattinson están ensayando para los invitados de su boda: lo siente como algo impostado. Y eso es lo que esta película, tanto en su concepción como en su viaje, logra transmitir tan bien: que estamos dejando atrás aquellos códigos antiguos del amor para abrazar otros, en los que nuestros yoes más marginados, más contradictorios, oscuros y erróneos no solo tienen cabida, sino que puede que nos permitan llevar el amor a otro nivel.



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